Quevedo y el martirio de la opulencia: ¿Puede ser PEOR?
Quevedo y el martirio de la opulencia: ¿Puede ser PEOR?
Ay, Quevedo, alma cándida y atormentada. Qué profunda pena debe ser esa de no tener que levantarse el lunes, ni el martes, ni el mes que viene. Una auténtica tragedia griega, pero con mejor ropa y un piano de cola. De verdad, qué ejemplo de estoicismo.
Mientras el común de los mortales lucha contra la alarma para ir a sudar la camiseta (o la sudadera del curro), este poeta urbano sufre en silencio su libertad financiera. Se ve que echarse unas copas con el ‘dinerillo’ ganado con esfuerzo es un placer vedado para los que ya tienen tanto dinero que les pesa. Es complicado, sí. Tan complicado como elegir qué yate usar para ir a por el pan. Pobre chaval, alguien debería darle un poco de ese ‘dinerillo’ para que pruebe la dulce experiencia de currar y luego reventar la quincena en un fin de semana. Quizás así aprenda lo que es una verdadera condena.
Su mirada perdida en el abismo de la cuenta corriente. Qué cruz.

